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Avisos - 11. página

Aviso 49- Vuela alto

“Te habla Montserrat Bellido Durán, para tu éxito: El perdón no es otra cosa que aceptar la libertad de los demás y ser bueno, hacer el bien y lo correcto, comprendiendo que no todos saben hacerlo. ni quieren hacerlo. Hay quien es tentado y cae, y su orgullo y soberbia, lo hace un perdedor, “¡un gusano!”, pudiendo ser una persona brillante y llena de luz, semejante a los Ángeles de Dios, que viviendo sólo por Dios, hacen siempre todo lo que Dios espera de ellos, y ellos, cumpliendo con su deber, se dedican a servirnos; ellos, los ángeles de Dios, mucho mejores que nosotros, más perfectos que nosotros, humildemente dedican toda su vida a servirnos. Dios no nos ha dejado solos en la vida, Él nos entregó al mundo, dándonos el alma, ¡lo que somos y seremos!, y poniéndonos dentro de este vehículo, que es el cuerpo, en el momento óptimo de una unión carnal entre un hombre y una mujer que, uniéndose sexualmente, pudieron, por las condiciones físicas apropiadas, darnos ese cuerpo que el alma necesitaba para andar unos cuantos años por aquí, por la tierra, para demostrarnos y demostrar a Dios que tenemos en cuenta las cualidades que Él nos dio, los talentos que a todos nos entrega, y que, con ellos, podemos hacer, tener, nuestro éxito, el de ser perfectos; y la perfección está en hacer el bien y lo bueno, lo correcto, en el cumplimiento fiel de nuestro deber. Y para ayuda nuestra, cada uno tiene su ángel de la guarda, al que puedes pedir ayuda, ayuda para cualquier cosa buena que necesites, incluso para que te despiertes a una hora determinada, incluso para protegerte del demonio; que bien sabes que son ángeles caídos, ángeles que no quisieron servirnos, porque nos tienen por inferiores; esa fue la lucha entre ellos, los ángeles, unos no quisieron servirnos, y otros sí que quisieron, pero que sepas que también en este mundo terrenal, hay, existen, están viviendo aquí, junto a ti, junto a todos nosotros, ángeles malos y ángeles de Dios; así que no me vayas a videntes, ni brujos, porque todas esas personas pueden llevarte al caos, y ¿cómo saldrás de allí?… Jamás puedes pedir que alguien te ame a la fuerza; ¿cómo vas a querer tú que alguien te ame a la fuerza, por medio de hechizos?; tú tienes dignidad y buenas cualidades para que te amen por ti mismo. ¿Y cómo vas a tener suerte en los negocios y prosperar y tener dinero, sin trabajar, sin dar de ti lo mejor; esperando recibirlo porque sí, mediante hechizos, o queriendo que otros pierdan para que tu ganes?; ¿cómo puedes pretender tener, a base de quitar la libertad de otros, pudiendo tú mismo labrarte tu propio éxito? El mundo está repleto de riqueza; ¡cuánta está esperando a que tú decidas hacer algo bueno con ella!; quizás descubrir un nuevo medicamento, quizás repartir mejor los recursos, quizás hacer producir a la tierra nuevas fuentes de energía, de productos… puedes hacer todo lo bueno y el bien que quieras hacer, sin necesidad de nadie más que de ti mismo, tu voluntad en la libertad de unirte a Dios, el Dueño y Señor del mundo, orando en nombre de Jesús, que es Dios, para que puedas alcanzar tus deseos, eso que quieres en tu corazón y no sólo en tu mente, sino que lo deseas ardientemente, porque es algo bueno. Todo lo malo, ¡échalo de ti!, tíralo fuera de tu cuerpo, no permitas que nada malo perturbe tu felicidad, la de ser poderoso por hacer el bien y lo bueno, lo correcto; de volar alto, ¡cuánto más alto mejor!, por tu capacidad de ser grande, al hacer el bien y lo bueno, lo que es correcto, que sacas de ti mismo, y puedes hacerlo porque sí. La experiencia de hacer el bien, de ser bueno, de dar bien por mal y por bien, es una experiencia que te deseo, porque es fascinante sentir esta sensación de pura libertad, de volar al máximo de tus potencias, y ver en los ojos de otros, que te miran con gratitud, dándote el visto bueno, todos estos que sufren y son aliviados por ti, y son consolados por ti, tan sólo al ver que tú eres capaz de hacer el bien y lo bueno, lo correcto, el cumplir con tu deber, cuando otros los han machacado con sus maldades, los han enfermado, destruyéndoles, sea con palabras u obras; pero tú, tú les sanas el corazón, sólo con ser bueno y hacer el bien. Y aunque otros pueden también criticarte, porque se ven incapaces de imitarte, de imitar al que tú imitas, a Jesucristo, Dios Hijo, el Verbo, el Sello, el que da a todos la salvación, si quieren; porque si tú quieres, además de poder recibir a Dios mismo en la Comunión, puedes ser salvado, puedes ser sellado con el Sello de Dios Espíritu Santo, que libra batallas por ti, porque mientras vas haciendo el bien y lo bueno, Él lucha contra los demonios y todo lo maligno que hay en este mundo, y te protege para que seas feliz y puedas hacer el bien y lo bueno, lo correcto, aunque a veces pierdas cosas o personas, pero jamás TE PERDERÁS A TI MISMO, y mientras te tengas, podrás volver a empezar una y otra vez, y sustituir lo perdido por algo mejor, porque la experiencia te servirá para tener sabiduría y enfrentarte a la verdad, a que no todos quieren tener éxito, sino que se conforman con el triunfo, porque no saben “volar”, no saben ser buenos y hacer el bien. Hay que tener caridad con ellos, porque te lo digo en serio, no saben, porque si lo supieran, NINGUNO estaría haciendo el mal y lo malo, pudiendo disfrutar de las delicias y alegrías, de las maravillas de hacer el bien y lo correcto. Ten compasión de los malos, porque no han encontrado aún ejemplos buenos, o les han dicho que la manera de triunfar es vendiéndose, que venderse es entregarse, ser una mercancía para los demás; y tú no eres una mercancía, tú eres único, y lo único, es una obra de arte, porque, busca y verás, que nadie es igual a ti, sólo tú eres tú. ¿Ves?.”

Montserrat Bellido Durán

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Aviso 50 – Un mundo mejor

“Te habla Montserrat Bellido Durán, para tu éxito: Ha llegado el tiempo, el momento de una generación que tenga éxito; ya ha pasado la generación vulnerable del relativismo; es hora de hacer un mundo mejor, de saber el bien y el mal, de confrontarlos y hacer justicia personal, y la sentencia sea una nueva personalidad, la de tener tu éxito mientras buscas lo mejor para ti, salido de ti, y con ello recibir un intercambio: dinero, por tu buen trabajo; amor, por tu amor bueno; salud, por cuidarte bien; amigos, por ser un buen amigo… y así todo lo que quieras, porque tú mismo tienes tu propia vida íntima con Dios y tu propia relación personal con Él, y es lo que hace la diferencia. Tú eres diferente, en tanto en cuanto, pidas a Dios lo que desees, trabajes bien para obtenerlo, tengas paciencia y bondad para esperarlo; y mientras esperas, tienes el éxito personal del honor, de ser una persona de honor, honorable, porque este éxito es instantáneo; el que tú te portes bien, el que tú decidas tener una vida donde el honor sea para ti una manera de vivir, en la moral, en esa dignidad moral, donde la sabiduría es la que rige tu manera de vida, donde tú mandas sobre ti mismo, jamás imponiéndote a los demás, sino que ayudándolos en todo lo que puedas, por hacer el bien y lo bueno. Ellos, todos los que entran en contacto contigo, reciben de ti, ven en ti, este honor que desprende toda tu persona, porque no entras en polémicas relativistas, tú sabes bien lo que es el bien y lo que es el mal, y te apartas del mal y valoras el bien, y haces el bien y lo bueno. Estamos a las puertas de hacer un mundo mejor, y no nos lo traerá ningún extraterrestre con nuevas filosofías o sabiduría, sino que nosotros mismos podemos y haremos este mundo nuevo, sólo cambiando nosotros mismos; no hace falta siquiera que nos reunamos, porque es Dios quien nos une a todos, al rezar cada uno a Él y pedirle los buenos anhelos de su corazón. Es Dios quien crea un vínculo espiritual, y nos reconocemos en cuanto nos vemos, por ver las obras y palabras de nuestra fe; por nuestra manera de vestir, decente, sin incitar a las pasiones sensuales y sexuales, que existen y sirven para la delicia del amor conyugal sacramental; y es bueno, y hace bien; y es romántico, saber que nos han engendrado nuestros padres, en momentos de fundirse ellos dos en amor, amor que dio fruto: nosotros. Tenemos, o tendríamos, que tener, y pueden las nuevas generaciones tener, el prestigio, el alto honor de haber nacido del amor. Yo nací del amor, mis padres se amaron y me amaron, y Dios me bendijo, siendo una hija deseada, amada, cuidada, valorada; saberme que soy yo, ¡yo!, el fruto del amor de mis padres, eso me emociona, y no puedo nada más que amarles, honrarles, bendecirles, y ser feliz con ellos; porque nací en las perfectas condiciones humanas: EL AMOR. Y así, la nueva generación, debe dar vida a sus hijos, por la maravillosa unión de amor entre los esposos, que engendran así un hijo, por ser hombre y mujer, por ser masculino y femenino, y la gracia de la feminidad, unida a la fuerza del varón, consigue, por la Gracia de Dios, tener un hijo de los dos. ¡Qué maravilla!; la vida continúa, y el hijo representa el amor con que se ama el matrimonio. En este nuevo mundo de la sabiduría, nadie hará mal, todos harán el bien y lo bueno, lo correcto, porque sabrán disfrutar de todo ello, de todo el bien que pueden crear. Cada uno es un artista, es un creador de las obras que hace, de las palabras que dice, de hacer lo que quiere hacer y hace.”

Montserrat Bellido Durán

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Aviso 51 – Lazos de sangre

“Te habla Montserrat Bellido Durán, para tu éxito: Es preciso que, para triunfar, sepas vivir la pobreza; porque tienes que ahorrar, no puedes malgastar, aunque sea en lo lícito, todo el capital que te entra; tienes que tener un plan de ingresos, de gastos y de ahorros; no te digo, como muchos dicen, que debes dar dinero por caridad, porque si estás empezando a labrar tu porvenir, el primero que necesita de su dinero eres tú; pero sí te digo que hagas algo por los demás, algo salido de ti, que eso es más fructífero que dar dinero; puedes visitar a enfermos, a niños, a ancianos, puedes escribirles cartas, que nadie les manda, de puño y letra, porque la caridad primera es la ESPERANZA; si sabes dar esperanza, tendrás esperanza, y ella te mantendrá en forma. No te olvides nunca de tu familia, busca entre tu familia a quien necesite compañía, quizás tus abuelos, o tus padres, quizás tus hermanos, primos, tíos, o hijos… Empieza ayudando a tu familia, sobre todo a tu familia; aunque no quieran, tú puedes ayudarlos sin que lo sepan, soportando sus críticas, aguantando su mal humor; ¡hay tantas cosas que puedes hacer por la familia!, y es importante que lo hagas, porque los lazos de sangre existen, hay realmente un vínculo de sangre, por el que los descendientes reciben de lo que los antepasados han hecho. Así que procura tu éxito no desatendiendo a la familia; tienes que ser sal, ¡eso es bien cierto!, y tienes que ser luz, eso también es verdad. Para prosperar en tu éxito, vas a tener que hacer unos ajustes de conducta que quizás nadie te ha enseñado, pero que son de la más pura lógica para ser un próspero ser humano. Y cuando tengas dinero, ¡que lo tendrás!, luego sí que debes dar algo a los demás, empezando por la familia, para su bienestar, porque si tu familia está bien, tú también lo estarás, porque sois parte de una misma sangre. ¿Cuánto dinero debes dar?, eso depende, porque habrá temporadas que necesitarán más de ti, porque, por ejemplo, alguien de tu familia está sufriendo por falta de trabajo o por enfermedad; entonces necesitará una cantidad; dale lo que puedas y lo que quieras; sabes bien que tú tienes tu propia conexión personal con Dios, pues, con Él lo decides; y si estás casado, lo consultas con tu cónyuge, que no por hacer caridad, pongas enemistad en tu casa; por eso elige para casarte una persona muy semejante a ti, que crea en la bondad, que practique la caridad. En cuestión de educar a tus hijos, ellos, SIEMPRE tienen que ganarse la paga semanal, porque les enseñas que la vida nunca da nada por nada, y los preparas para que no tengan futuros desengaños, como pasan los de la generación del capitalismo; ahora toca hacer un nuevo mundo, un mundo mejor, el mundo de la sabiduría, que diferencia entre el bien y el mal, y tus hijos deben saber cumplir con su deber, el deber primario de cuidarse y cuidar de lo suyo, de su persona y cosas, como de las personas y cosas de la familia; así que enseña a tus hijos que reciben, si dan, si dan lo mejor de sí mismos, no sólo en las obras sino también en las palabras; que empiecen, cuanto antes, a respetar a los demás, a dejar a las personas, libres, y en esa libertad, aguantar que, a veces, la gente es tentada y es débil, y a veces tiene mal humor, o sufre por algún desamor y hace mala cara; ¡pues ellos que den su mejor cara!, tienen que aprender lo que es la mortificación, porque somos personas de familia, no hemos nacido en una isla; formamos parte de un hogar y nos necesitamos unos a otros, sí, porque todos formamos parte de la familia, somos familia de sangre y debemos compartir el mismo destino; por lo cual, da ventajas a los que ayudan a otros a ser mejores, a hacer el bien y lo correcto, a cumplir con su deber, porque hay un deber que hacer siempre, el de sacar de uno mismo lo mejor, aguantando lo peor de los demás, porque cada uno tiene la resistencia del amor, ese amor que recibe de Dios en la intimidad. Hagamos una familia feliz.”

Montserrat Bellido Durán

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