Vuela alto: decide hoy si quieres ser águila o cerdo

Amigo, amiga, te habla Montserrat Bellido Durán, para tu éxito.

Hoy te voy a hacer una pregunta directa. Sin rodeos, sin adornos. Una pregunta que quiero que te hagas de verdad, en serio, mirándote al espejo.

¿Eres un águila o un cerdo?

Sé que suena fuerte. Sé que quizás nunca nadie te lo había preguntado así. Pero en el Método MBD creemos en la claridad, en decir las cosas como son, porque la verdad, aunque a veces incomoda, es lo único que libera.

Y esta verdad puede cambiarte la vida si la recibes con el corazón abierto.

EL ÁGUILA: LA PERSONA QUE ELIGE VOLAR ALTO

El águila es la persona que tiene altas aspiraciones. La que no tiene miedo a volar alto, altísimo. Aunque eso signifique encontrarse con obstáculos, con problemas, con resistencia. Porque el águila tiene claro dónde quiere llegar, qué meta tiene, qué es lo que quiere conseguir.

Y lo más importante: el águila no se vende. No vende sus ideales. No vende su moral. No vende sus valores por comodidad, por aceptación social, por no incomodar, por no perder el favor de alguien que no lo merece.

El águila crece en virtudes. Intenta ser una persona virtuosa, haciendo un mundo mejor, dando lo mejor de sí misma, haciendo siempre el bien, lo bueno y lo correcto.

¿Te suena familiar? Eso es exactamente lo que el Método MBD lleva enseñando desde 2012. El éxito verdadero no es el del que llega a cualquier precio. Es el del que llega siendo fiel a sí mismo, a Dios y a los demás. El del que vuela alto sin tirar a nadie al suelo para conseguirlo.

Hay algo más que caracteriza al águila y que quiero que notes: las águilas no suelen volar en bandadas de millones. Son personas que desean dar lo mejor de sí mismas, que se atreven, que destacan. A veces verás dos o tres águilas volando juntas. Pero raramente grandes masas. Porque la excelencia, la virtud, el deseo genuino de hacer el bien, no son la norma habitual en este mundo. Son la excepción que ilumina.

Y eso no debe desanimarte. Al contrario. Debe llenarte de orgullo sano. Porque tú has elegido el camino menos transitado. El más difícil. Y el más digno.

EL CERDO: LA PERSONA QUE ELIGE EL BARRO

El cerdo es la persona que ha elegido vivir en el pecado, en medio del vicio. Una persona corrupta que no desea hacer el bien, que le gusta estar en medio de la putrefacción. Y que, en sus acciones, apesta. Aunque no le importe.

Y aquí viene algo que quiero que tengas muy claro, porque es una de las cosas más importantes que puedo decirte: hay cerdos bien vestidos. Con traje, con imagen cuidada, con palabras suaves y presencia imponente. Pero las apariencias no pueden engañar del todo. Porque la persona es lo que hace. ¿Qué hace esa persona? ¿A qué huelen sus acciones?

Los cerdos suelen vivir con otros cerdos. Porque hay muchas personas que se juntan para hacer el mal. Y todos están allí, revolcándose en el barro, dañando o intentando dañar a las águilas que vuelan muy alto.

Pero fíjate en algo importante: por mucho que el cerdo chille, que tire barro, que intente dañar al águila, no puede alcanzarla. Porque el águila está a kilómetros de altura. La distancia entre quien vive en la virtud y quien vive en el vicio es enorme. Y el barro que lanza el cerdo no llega tan alto.

Y hay algo que el Evangelio ya dijo con toda claridad: “No arrojéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con los pies y os destrocen”. Jesús nos lo dice sin rodeos: apártate del cerdo. Apártate de la persona corrupta que quiere estar en el mal, que quiere dañarte, que vive haciendo el daño.

Esto no es juicio. Es discernimiento. Y el discernimiento es una virtud, no una crueldad.

POR QUÉ EL ÁGUILA Y EL CERDO NO PUEDEN CONVIVIR

Hay personas que dicen: “Todo el mundo puede convivir. Hay que ser tolerantes. Hay que aceptar a todos.

Y yo les respondo: El bien y el mal no pueden vivir juntos. No porque yo lo diga. Porque la realidad lo demuestra cada día.

Por algo existe la justicia. Por algo existen las sanciones. Por algo existen las prisiones. Porque hay personas, hay sujetos, que tienen que vivir apartados, porque como desean ser malos no pueden estar con los que intentan ser buenos y vivir haciendo el bien.

Convivir con quien quiere tu mal no es caridad. Es imprudencia. La caridad también es no dejarte dañar, esta realidad que la fe y la razón juntas nos ayudan a ver.

Y hay algo más que quiero nombrarte, porque lo he visto muchas veces: el cerdo que ataca al águila lo hace, casi siempre, por envidia. En vez de decir: “Voy a aprender de esa persona, voy a unirme a ella, voy a crecer“, elige quedarse en el barro lanzando críticas y calumnias contra quien vuela alto.

¿Por qué? Porque ver volar al águila le recuerda lo que él podría haber sido y no quiso ser. Y eso duele. Y ese dolor, cuando no se convierte en conversión, se convierte en envidia. Y la envidia, como ya sabemos, destruye al que la tiene.

Como dice el refrán: A cada cerdo le llega su San Martín. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Siempre.

PERO EL CERDO PUEDE CONVERTIRSE EN ÁGUILA

Y aquí viene la parte más hermosa. La que más me gusta de este mensaje.

Un cerdo puede decidir ser un águila.

Sí. Aunque lleve mucho tiempo en el barro. Aunque haya hecho daño. Aunque haya elegido mal durante mucho tiempo. Una persona puede decidir cambiar. Puede pedir ayuda a Dios, frecuentar los Sacramentos, confesarse, comulgar. Y Dios le dará la Gracia necesaria para que deje de ser un cerdo y vuele alto como el águila.

Eso es la misericordia de Dios. Eso es el Sacramento de la Reconciliación. Esa puerta siempre está abierta. Para todos. Sin excepción. Sin importar cuánto tiempo llevas en el barro.

Pero hay una condición que no podemos ignorar: todo depende de la voluntad. De la decisión de cada uno. Dios no fuerza. Respeta tu libertad. Y esa libertad es la mayor dignidad que tienes, y al mismo tiempo, tu mayor responsabilidad.

¿Qué es lo que quieres? ¿Qué quieres ser? Decídete. Y decide ya. Porque el tiempo vuela, el tiempo corre, y todos vamos a morir sí o sí. ¿En qué vas a dedicar tu tiempo? ¿Qué vas a hacer con tu vida?

¿Quieres revolcarte en la putrefacción, en el pecado, en el vicio? ¿O quieres volar alto, al lado del amor de Dios, rodeado de virtudes, de personas buenas que intentan como tú dar lo mejor de sí mismas?

Esa es la pregunta. Y nadie puede responderla por ti.

CÓMO EMPEZAR A VOLAR: LO QUE EL MÉTODO MBD TE PROPONE

Si has llegado hasta aquí y algo dentro de ti dice “quiero ser un águila”, esto es lo que el Método MBD te propone para empezar a volar hoy mismo.

Primero: decide. No mañana. Ahora. La decisión de querer ser mejor, de querer volar alto, de no venderte, de hacer el bien aunque cueste. Esa decisión interior es el primer paso. Sin ella, nada más funciona.

Segundo: aléjate de quien te arrastra al barro. No con odio, no con escándalo. Con la sabiduría del que sabe que para volar hay que soltar el peso. Las personas que quieren verte en el barro no son tu responsabilidad. Tu responsabilidad es tu vuelo.

Tercero: rodéate de águilas. Busca personas que vuelen en la misma dirección que tú. Que compartan tus valores, tu fe, tu deseo de dar lo mejor. Esas personas no son fáciles de encontrar. Pero existen. Y cuando las encuentras, el vuelo se hace más fácil y más alto.

Cuarto: acude a los Sacramentos. La Confesión y la Comunión son el combustible del águila cristiana. Sin ellos, las alas se cansan más rápido. Con ellos, Dios da la Gracia que hace posible el vuelo sostenido, incluso cuando las tormentas arrecian.

Quinto: trabaja tus virtudes cada día. El águila no nació con las alas perfectas. Las desarrolló. La prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, la caridad. Una virtud a la vez. Una decisión a la vez. Un día a la vez.

Sexto: no te compares con los cerdos. Su patrón de medida no es el tuyo. Tú no mides tu éxito por lo que ellos hacen o dejan de hacer. Tú mides tu éxito por quien decides ser cada día, en las pequeñas decisiones que nadie ve pero que Dios sí ve.

Y séptimo: confía en que vale la pena. Volar alto cuesta. Hay viento en contra. Hay momentos en que las alas duelen. Pero la vista desde arriba, la paz de quien vive en la virtud, la libertad del que no debe nada a nadie porque nunca se vendió, eso no tiene precio. Eso no te lo puede dar ningún barro.

Sé un águila. Vuela alto. No tengas miedo. El cielo tiene sitio para ti.

Qué triste sería que, pudiendo ser águila, eligieras el barro. Y qué maravilloso es que, habiendo estado en el barro, decidas hoy levantar el vuelo.

Decide. Y decide ya.

Eres libre, amigo mío.

Te deseo lo mejor: ¡Éxito!

Montserrat Bellido Durán
Creadora del Método MBD
Fundadora de Coaching tu Éxito