Las malas hierbas de tu vida: cómo identificarlas, arrancarlas y seguir floreciendo


Amigo, amiga, te habla Montserrat Bellido Durán, para tu éxito.
Hoy quiero hablarte de jardines. Y de malas hierbas. Y de ti.
Si alguna vez has tenido un jardín, sabrás lo que eso conlleva: el regar, el elegir las plantas según la temporada, el saber en qué zona plantar para que florezcan. Y también lo que más trabajo da y más fastidia: las malas hierbas.
Porque puedes arrancarlas. Puedes dedicarles tiempo y esfuerzo y arrancarlas todas. Pero cuando vienen las lluvias, vuelven. Con fuerza. Como si nunca las hubieras quitado.
Y ocurre exactamente lo mismo en tu vida.
Cuando estás creciendo en el éxito, cuando las bendiciones llueven, cuando tu proyecto empieza a dar fruto, siempre, siempre, aparecen los obstáculos. Allí donde no esperabas que aparecieran. En los momentos en que menos los necesitas. En los lugares más inesperados.
Esas son las malas hierbas de tu vida. Y hoy quiero que las conozcas, que aprendas a identificarlas, y sobre todo, que sepas qué hacer con ellas.
¿QUÉ SON LAS MALAS HIERBAS EN TU VIDA?
En el jardín de tu vida, las malas hierbas pueden ser muchas cosas. Sucesos inesperados que interrumpen tu ritmo. Circunstancias que no controlaste. Problemas que nadie predijo y que aparecen de golpe cuando todo iba bien.
Pero hay un tipo de mala hierba especialmente molesta. Especialmente persistente. Y especialmente dolorosa. Son las personas.
Sí. Hay personas que son malas hierbas en tu vida.
Y quiero decirte algo que puede sonar duro pero que necesitas escuchar: en las películas y en las novelas, el malo de la historia siempre muere al final. El bien triunfa y todos felices, se acaba el problema. Pero en la vida real, amigo, el malo no se muere. El malo lo tienes ahí, al lado. Y a veces, lo más difícil de aceptar, el malo es alguien cercano. Hasta puede ser un familiar.
La Biblia ya nos lo mostró. Caín era hermano de Abel. Y por envidia de las virtudes de su hermano, por envidia de los dones que Abel ofrecía a Dios con amor y libertad, Caín lo mató. No un desconocido. Un hermano.
Y hoy en día pasa eso mismo. No con la misma violencia física, quizás. Pero sí con la misma envidia de fondo. Puedes encontrarte con un hermano, un tío, un abuelo, un compañero de trabajo, un amigo de siempre, que tiene envidia de tus virtudes. De tu fe. De tu bondad. De tus logros.
¿Por qué? Porque no saben lo que es amar. No saben lo que es hacer las cosas bien, libremente, por amor a Dios y a los demás. Y lo que no se comprende, se teme. Y lo que se teme, se ataca.
Hay personas que se inventan historias. Que se creen sus propias calumnias. Que construyen narrativas falsas sobre ti para tener una razón, aunque sea inventada, que les motive a seguir haciéndote daño. Porque necesitan esa razón. Porque sin ella, tendrían que mirarse a sí mismas. Y eso les da demasiado miedo.
Si tú eres una persona que vive la fe, que intenta hacer el bien, que no fastidia a nadie, que ama a Dios y a los demás, y aun así tienes una mala hierba que no para de crecer a tu lado, quiero que sepas que eso no es casualidad. Y que tiene solución.

LA ENVIDIA: LA RAÍZ DE LA MALA HIERBA
En mi libro “Coaching tu Éxito” lo escribí con claridad: la envidia derrota muchos éxitos predecibles. La envidia destruye al que la tiene y al que la provoca, queriendo o sin querer. La envidia debilita la voluntad, nubla la inteligencia y hace que en vez del bien y lo bueno, se reciba o se haga el mal y lo malo.
Tantos que tuvieron éxito y por envidia fracasaron. Porque no aceptaron que otros tuvieran éxito en sus cosas. Porque basaron su propio supuesto triunfo en el fracaso ajeno.
La envidia es la mala hierba más profunda de todas porque tiene raíces invisibles. No siempre se reconoce como envidia. Llega disfrazada de crítica, de preocupación, de consejo no pedido, de comentario casual que hiere más de lo que parece casual. La persona envidiosa muchas veces no sabe que lo es. Se ha construido una narrativa en la que ella es la víctima y tú el problema.
Y eso, amigo, lo hace todavía más difícil de manejar.
El éxito bien entendido es que todos tengan éxito. Eso es lo que yo creo y lo que mi Método MBD enseña. Mi éxito es tu éxito. Y tu éxito es el mío. Pero quien vive desde la envidia no puede entender esa lógica, porque la envidia no suma. Solo resta.
¿Qué haces con una persona así en tu vida? ¿Cómo manejas esa mala hierba que vuelve cada vez que parece que la has arrancado?
EL TRIGO Y LA CIZAÑA: LO QUE JESÚS NOS ENSEÑÓ
Jesús sabía de malas hierbas. La parábola del trigo y la cizaña es una de las más interesantes del Evangelio, precisamente porque habla de algo que todos hemos vivido: que los buenos y los malos conviven. Siempre. En el campo, en el trabajo, en la familia, en la Iglesia misma.
Y cuando los siervos del dueño quieren arrancar la cizaña de raíz, él les dice que no. Que esperen. Que si arrancan la cizaña ahora, pueden llevarse el trigo también. Que el tiempo de la separación llegará, pero que no es ahora.
Eso no significa que debas quedarte quieto y aguantar todo lo que te hagan. Significa algo más profundo: que no es tu trabajo destruir al que obra mal. Tu trabajo es cuidar tu trigo. Tu jardín. Tu vida. Tu vocación. Tu fe.
Dios lo tiene todo bajo control. Y cuando los malos pueden hacer algo contra ti, es porque Dios lo permite. Y cuando Dios lo permite, hay un bien para ti escondido en ese permiso. Aunque tú en ese momento no lo veas. Aunque duela.
Muchas veces, esa maldad de los malos les acaba saliendo fatal. Se hunden ellos mismos. Sus propias calumnias les alcanzan. Sus propias trampas les atrapan. Yo lo he visto. Lo he vivido. Y lo he visto en la vida de muchas personas a quienes he acompañado en coaching.
Tú espera. Ten paciencia. Y verás muchas cosas a lo largo de la vida.
PERO TAMPOCO TE QUEDES SIN HACER NADA
Ahora bien. Paciencia no significa pasividad. Y confiar en Dios no significa no tomar acción.
En mi jardín, cuando aparecen las malas hierbas, me pongo los guantes y las arranco. No me quedo mirando cómo crecen. Las arranco. Y si vuelven, las arranco otra vez. Y si hace falta, cambio la tierra. Y si hace falta, pongo algo que las detenga.
Con las personas que te hacen daño, funciona igual.
Hay dos acciones concretas que te recomiendo.
La primera: apártate de esa persona. No con drama, no con escándalo, no devolviendo mal por mal. Simplemente con la claridad del que sabe que esa presencia no le suma. El bien y el mal no pueden convivir. Recuerda eso. No puedes crecer junto a quien quiere que no crezcas. No puedes florecer si la raíz de al lado te está robando el agua.
La segunda: si es necesario, toma acciones legales. Lo digo así, con esa claridad. Si alguien te calumnia, te difama, te causa un daño real y concreto, la Ley existe. Y la Ley está del lado de la verdad. La ley civil y la ley de Dios son tu fuerza.
No es falta de caridad defender lo tuyo. Es falta de prudencia no hacerlo.
Recuerda también esto: si no se quitan las malas hierbas, crecen. Y lo invaden todo. En tu jardín tiene que haber armonía, paz y alegría. Así de simple. Así de sencillo.
CÓMO IDENTIFICAR A LAS MALAS HIERBAS EN TU VIDA
Aquí quiero ser práctica contigo. Porque a veces la mala hierba no viene con etiqueta. A veces se parece mucho a una flor al principio.
¿Cómo sabes que tienes una mala hierba en tu vida?
Primero: sales de cada encuentro con esa persona peor de como entraste. Con menos energía, con más dudas, con la ilusión un poco más apagada. Las personas que suman te dejan mejor que como llegaste. Las que restan, lo contrario.
Segundo: esa persona no se alegra de tu éxito. Cuando te va bien, busca el pero. Minimiza. Cambia de tema. O directamente, encuentra la manera de señalar lo que podría salir mal. La envidia no celebra. Aguanta.
Tercero: lo que te dice de ti no se parece a lo que tú sabes de ti. Te habla de tus limitaciones con más detalle que de tus dones. Te recuerda tus fracasos con más precisión que tus logros. Eso no es preocupación. Eso es sabotaje, aunque no siempre sea consciente.
Cuarto: cuando le va mal a ella, de alguna manera te implica a ti. Siempre hay algo que fue culpa tuya, directa o indirectamente. Siempre hay una manera de que tú seas parte del problema.
Quinto: cuando intenta hacerte daño, usa a terceros. Calumnias, rumores, personas que no tienen nada que ver pero que son el vehículo de su obra. La mediocridad pone zancadillas así: desde la sombra, usando a inocentes como instrumentos.
¿Reconoces esto en alguien de tu vida? Si es así, ya tienes identificada la mala hierba. Ahora toca actuar.
QUÉ HACER CON TUS PROPIAS MALAS HIERBAS INTERIORES
Hasta ahora hemos hablado de las malas hierbas externas: las personas, los obstáculos, las circunstancias que se ponen en tu camino.
Pero hay otro tipo de mala hierba que quiero que no olvides. Las internas.
Las malas hierbas interiores son esos pensamientos, hábitos y actitudes que brotan en tu propio jardín y que, si no las atiendes, crecen y asfixian todo lo bueno que tienes dentro.
La amargura. En mi libro “Coaching tu Éxito” lo escribo así: la amargura, a veces, da malas pasadas a personas que sufren y tienen motivos para ello. Porque otros no hicieron lo correcto. Y eso duele. Y ese dolor, si no se trabaja, se convierte en amargura. Y la amargura no vale para el éxito. Llenarte de amargura, ser un amargado, buscar salidas desesperadas para triunfar en la vida, es fracasar en el éxito. Porque triunfar no es lo mismo que tener éxito.
El rencor. Cuando alguien te ha hecho daño, la tentación es guardarlo. Mantenerlo vivo como una advertencia, como un escudo. Pero el rencor no te protege. Te pesa. Y lo que pesa, frena.
La desconfianza generalizada. Cuando has sido traicionado muchas veces, la tentación es no confiar en nadie. Pero vivir en desconfianza total es vivir en una prisión que tú mismo construiste. Aprende a discernir en quién confiar, sí. Pero no cierres la puerta a toda relación.
El miedo a que vuelva a pasar. Que te paraliza antes de intentar algo nuevo, antes de dar el siguiente paso, antes de abrir otra vez el corazón o el proyecto.
Estas malas hierbas interiores necesitan atención. No las ignores. Arráncalas con la misma determinación con la que arrancarías las externas.
TRABAJA TU TIERRA: LO QUE SÍ DEPENDE DE TI
Y ahora llegamos al corazón de todo esto.
Porque podemos hablar mucho de las malas hierbas. De identificarlas, de arrancarlas, de protegernos de ellas. Pero lo más importante no es lo que haces con las malas hierbas.
Lo más importante es lo que haces con tu tierra.
Tu vida, tu hogar, tu persona, tu proyecto: eso es tu jardín. Y en ese jardín tienes que hacer crecer virtudes. Hacer crecer flores. Esas cosas buenas que sacas de ti por amor a Dios y a los demás. Ese proyecto que Dios puso en tu corazón. Ese bien que el mundo necesita y que solo tú puedes dar de la manera en que tú lo das.
Trabaja tu tierra. Riégala con oración. Con formación continua, porque la información es poder. Con fe en Dios como tu socio principal en todo lo que emprendes. Con fe más trabajo más caridad, que es la fórmula del Método MBD para el éxito verdadero.
Y cuando aparezca la mala hierba, que aparecerá, porque siempre vuelve con las lluvias, ya sabrás qué hacer. No con miedo. No con drama. Con los guantes puestos y la determinación del jardinero que ama su jardín.
Ponte los guantes y empieza a arrancar malas hierbas.
Que mientras tú cuidas tu jardín, mientras tú creces y das fruto, mientras tú haces el bien sin mirar a quién, la cizaña que intenta asfixiarte acaba hundiéndose sola. Siempre. Porque Dios sólo gana. Y el que vive unido a Dios y hace el bien, ese también gana.
Esta vida son cuatro días. Todos nos vamos a morir. Y tenemos que hacer un mundo mejor. Un mundo en el que las generaciones futuras encuentren algo bonito, algo bueno. Haz tu parte. Cuida tu jardín. Y deja que Dios se ocupe del resto.
EN RESUMEN: LO QUE EL MÉTODO MBD TE DICE SOBRE LAS MALAS HIERBAS
Primero: identifica las malas hierbas en tu vida, tanto las personas que te frenan como los hábitos y actitudes interiores que te sabotean.
Segundo: apártate de las personas que obran mal. No con odio. Con sabiduría. El bien y el mal no pueden convivir sin que el mal acabe afectando al bien.
Tercero: si el daño que te hacen es real y concreto, usa los medios legales. La Ley está del lado de la verdad. No es cobardía defenderse. Es prudencia.
Cuarto: trabaja tus malas hierbas interiores. La amargura, el rencor, el miedo, la desconfianza generalizada. Llévalas a la oración. Busca acompañamiento si lo necesitas.
Quinto: pon toda tu energía en cuidar tu jardín. En crecer. En dar fruto. En hacer el bien. Las malas hierbas tienen mucho menos poder sobre el jardín que se cuida con amor e intención.
Sexto: confía en Dios. Ten paciencia. Cuando Dios permite que algo malo te alcance, hay un bien escondido en ese permiso. Y los que obran mal, muchas veces, acaban hundiéndose solos. Tú espera. Tú sigue. Tú avanza.
Y recuerda: el éxito no está en ganar siempre. Está en seguir intentándolo, aun habiendo perdido. En seguir cuidando tu jardín aunque las malas hierbas vuelvan. En seguir haciendo el bien aunque nadie te lo agradezca todavía.
Tu jardín tiene un potencial enorme. No lo dejes en manos de las malas hierbas. Está en tus manos. Y con Dios a tu lado, florecerá.

Te deseo lo mejor: ¡Éxito!
Montserrat Bellido Durán
Creadora del Método MBD
Fundadora de Coaching tu Éxito





